“La escuela que tenemos…
…la escuela que queremos”
El término educación, etimológicamente procede del vocablo latino” educere” (saco, extraigo o deduzco) o quizás de “educare” (alimentar o criar). Por su parte la escuela tiene la función de educar a los chicos-as que dentro de las resistencias previsibles, se dejan educar.
Ahora bien, cuando alguna anomalía interrumpe este proceso y lo supera, la escuela se declara impotente y evade el problema. El objetivo de estas líneas no consiste en realizar un análisis exhaustivo de las falencias estructurales que tiene la escuela sino tan solo ayudarnos a reflexionar sobre nuestro rol, en los distintos procesos de enseñanza- aprendizaje.
Si partimos de la premisa que la escuela ni “sabe todo” ni “puede todo”, podemos pensar que la transmisión y creación de nuevos conocimientos depende de un proceso ético-comunitario más amplio y diverso.
Las estrategias para construir estos nuevos modos de vincularnos no tienen “recetas educativas”, pero nuestra experiencia nos indica que cierta dosis de humildad y sinceridad frente a los educando abre un mundo diferente, en donde la “soberbia del saber” deja su lugar a una “nueva sabiduría colectiva” que surge del aprender escuchar.